Espía a una mujer que se mata
Versión de Daniel Veronese de Tio Vania de A. Chejov.
Ficha Artística
Osmar Nuñez (Vania)
Maria Figueras (Sonia)
Marcelo Subiotto (Astrov)
Fernando Llosa (Serebriakov)
Silvina Sabater (Teleguin)
Marta Lubos (María)
Mara Bestelli (Elena)
Dirección: Daniel Veronese
Diseño de escenografía: Daniel Veronese
Asistencia de dirección: Felicitas Luna
Diseño de luces: Sebastian Blutrach
Producción Ejecutiva: Sebastián Blutrach
Patrocinado: Avance Producciones
Distribución en España: Producciones Teatrales Contemporáneas S.L.
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No habrá trajes teatrales, ni ritmos bucólicos en salones familiares. Ni trastos que denoten un tiempo campestre. La acción se desarrollará en la ya vieja y golpeada escenografía de “Mujeres Soñaron Caballos”. Quitando elementos hasta llegar a una expresión mínima, “Espía a una Mujer que se Mata” versión de “Tío Vania” acaba sedimentando algunas cuestiones de orden universal: El alcohol, el amor por la naturaleza, los animales toscos y la búsqueda de la verdad a traves del arte. Dios, Stanislavski y Genet
Daniel Veronese
Daniel Veronese
Daniel Veronese comenzó su carrera como actor y mimo. En 1985 incursionó en el teatro de objetos, disciplina que lo llevó a crear junto con Ana Alvarado y Emilio García Wehbi en 1989 el grupo "El Periférico de Objetos".
Su estética, como director y dramaturgo, lo lleva a plantear una mirada particular en el espectro teatral argentino.
Es autor de más de veinte títulos y director de más de una decena de obras (Entre otras: “Crónica de la caída de uno de los hombres de ella”, “Del maravilloso mundo de los animales: Los Corderos”, “Cámara Gesell”, “Mujeres soñaron caballos”, “La noche devora a sus hijos”, “La forma que se despliega”, “Open House”, “Un hombre que se ahoga”, “En auto”, etc.) Basándose en la síntesis, en la autorreferencialidad del teatro mismo y en lo siniestro, su obra genera una presencia transversal sobre los patrones formales del teatro tradicional.
Tiene publicados dos libros que contienen toda su obra: "Cuerpo de Prueba" (Volumen I y II), editado por la Universidad de Bs. As. y "La Deriva", editado por Adriana Hidalgo Editores.
Sus obras están traducidas al italiano, al alemán, al francés y al portugués.
Recibió numerosos premios entre los que se destacan el Segundo Premio Nacional (1997)y el Primer Premio Municipal (1998) - de Argentina- ambos en dramaturgia.
En las ediciones 1999, 2001, 2003 y 2005 se desempeñó como curador del Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires.
En el año 2005 realizó en Casa de América de la ciudad de Madrid el taller-montaje de su obra “Mujeres soñaron caballos” con actores españoles.
Actualmente, dirige en la ciudad de Madrid una versión para la escena de “El Túnel” de Ernesto Sábato con la actuación protagónica de Héctor Alterio. A su regreso, tiene previsto estrenar una versión propia de la obra “Tío Vania” de Antón Chéjov.
Próximamente se repondrán las siguientes obras bajo su dirección: “En Auto” (Teatro Nacional Cervantes), “Mujeres soñaron caballos” (Espacio Callejón) y “El método Grönholm” (Complejo La Plaza).
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Notas de Prensa
ESPIA A UNA MUJER QUE SE MATA", UNA PIEZA DE CHEJOV REESCRITA POR VERONESE
Todo puede quedar en familia
Isabel Croce
Ficha técnica:
"Espía a una mujer que se mata", versión de "Tio Vania" de Antón Chéjov, por Daniel Veronese. Dirección y escenografía: Daniel Veronese. Escenografía: Daniel Veronese. Asistcnte de dirección: Felicitas Luna. Actores: Osmar Núñez, María Figueras, Claudio Quinteros, Fernando Llosa, Silvina Sabater, Marta Lubos, Julieta Vallina. El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960).
Cuando uno elige "una versión de..." es interesante saber, por ejemplo, que el autor original era ruso, nació en la segunda mitad del siglo XIX, hace casi ciento cincuenta años y fue innovador. "El jardín de los cerezos", "La gaviota", "Tio Vania" y "Las tres hermanas" le dieron fama y actualmente la "chejofilia" continúa siendo una característica muy nuestra, como nos recuerda el colega Pablo Gorlero, al referirse a las siete piezas actuales de Chéjov en cartel, en Buenos Aires.
Algún filósofo reflexionará sobre los ignotos porqués del hecho y las afines tendencias melancólico-románticas del argentino medio. Otros sobre la atmósfera ciclotímica de depresión y entusiasmo, que caracteriza el ciclo socio político de nuestro país y el vecino hasta puede aludir a cómo la riqueza aparente de comienzos de un siglo que murió, obligan al estado constante de “todo tiempo pasado fue mejor”, sensación de fracaso e inseguridad.
CLASICO AGGIORNADO
La reescritura de Daniel Veronese, un innegable creador teatral, testimonia cómo un clásico puede ser aggiornado y "camaleonizarse" por momentos exhalando matices que podríamos bautizar como "averonisamientos".
Ahí esta el lugar en que se desarrolla la acción, atemporal y a-espacial, pero innegablemente actual.
En el campo, un viejo profesor de arte, ególatra y dominante, visita su hacienda con su segunda esposa, bella y joven.
Parientes y amigos que el espectador intuye parasitarios y adulones unos, fracasadamente envidioso algún otro y tocados por un halo beatífico y de solidaridad las excepciones, giran alrededor de su presencia.
Si hay una adolescente enamorada, una madrina que en la obra original era un terrateniente arruinado y un médico preocupado por la ecología, también el tío Vania sigue atribuyendo el fracaso de sus realidades a los demás, la suegra del profesor sonriendo a la vida y a la muerte y la bella Helena volteando muñecos en sus discretos paseos de saco, falda y contundente redondeces.
Como en la obra original, todos desean algo. Algunos lo que nunca existió, otros lo que nunca podrán despertar y hasta intuyen (Helena), que la sabia cobardía es capaz de asegurar una tranquilidad económica con permisibles flashes de pasión.
Las aguas de Veronese no son tan plácidas como las de su inspirador.
Se ennegrecen con una buena pistola en la escena inicial, se autosuicidan con los histerismos de la dulce Sonia, capaz de tranquilizar al ciclotímico tío del título y en el paso siguiente estrellarse contra paredes y mesas en raptos desesperados de impotencia. Y duplican el histrionismo de Vania, floralmente derrotado ante la actitud de Helena con el médico rural o insecto aplastado observado por la familia unita.
VISION MINIMALISTA
Puesta minimalista y austera en lo escenográfico, sólo la planta y una ventanita para atisbar. Y la confirmación de que un equipo de actores puede ser la perfecta unidad, donde nadie está mejor que nadie y todos son lo que son discurriendo sobre la verdad del teatro actual o las formas de representación. Notables los principales y secundarios, unidos en el drama y la alegría (hay toques de humor ácido y pequeñas complicidades con el público).
Con escenas que desnudan las intimidades de la familia (la reunión por la herencia), baja del antifaz y cremallera ante el tiroteo de verdades ocultas, "Espia a una mujer que se mata" muestra la vigencia de un cláslco y la creatividad de un director y su elenco, finalizando con un emocionante y esta vez sí chejoviano efecto de diálogo de generaciones. Vania y su sobrina Sonia piensan en voz alta. La voz final es la más joven y habla de la esperanza en el futuro, de la realidad de los sueños.
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TEATRO: ACERCA DE "ESPIA A UNA MUJER QUE SE MATA"
Los límites del teatro
La obra de Daniel Veronese, una reescritura de "Tío Vania" de Chéjov, plantea algunos dilemas de la escena moderna.
Juan José Santillán ESPECIAL PARA CLARIN
Daniel Veronese vuelve a indagar en la poética de Anton Chéjov y completa una reflexión alrededor de un par de piezas fundamentales del autor ruso. Primero fue la versión de Tres hermanas, trocada a Un hombre que se ahoga. Allí, la austeridad de la puesta provocaba una reflexión sobre el hecho teatral. En Espía a una mujer que se mata, reescritura de Tío Vania, el director sigue esas coordenadas y completa la frase del pintor renacentista suizo Urs Graf que envolvió su engranaje Chéjov.
Es decir, Veronese llena el hiato y en Un hombre que se ahoga espía a una mujer que se mata, elabora su mirada sobre la representación y los límites del quehacer teatral. Punto ciego de una serie de dilemas que el director abre y reproduce en escena: el trabajo del actor, el lugar del público, de la crítica, el uso del espacio. Pero alrededor de esas cuestiones, sobrevuela la sorna hacia los procedimientos que conducen cada recurso de la puesta. Y allí, justamente, es donde se destaca esta condensada versión de Tío Vania que incluye textos de Las criadas de Jean Genet y la escenografía y fragmentos de Mujeres soñaron caballos del propio Veronese.
Es que Espía a una mujer que se mata, arranca donde Mujeres... concluye. De allí, el juego de Sonia (María Figueras), revólver en mano, con Serebriakov (Fernando Llosa) al comienzo de la obra. Puede que el autor de La gaviota sea apenas la mascarada para que Veronese desarrolle una autorreferencialidad sin atenuantes. Y ese registro fluye con gran lucidez desde lo formal.
Por lo tanto, en la puesta se quiebra tanto la temporalidad como el espacio. Los personajes de Tío Vania se aglutinan en la derruida escenografía de Mujeres soñaron caballos. Y el artificio que solventa esta atmósfera, tremendamente lograda, es mínimo. Pocos elementos bastan para conectar al espectador con la esencia poética chejoviana.
Espía... reproduce la desidia ru ral en personajes postrados de cualquier aspiración. Vania (Osmar Núñez) se da cuenta que el profesor Serebriakov —en la versión de Veronese un profesional del teatro que cita a Constatin Stalisnavski y Alexander Ostrosky— es un fraude. Y cuando sus sueños revientan, estos seres boyan en la indefensión y la fraternidad alcohólica.
El encuentro entre Elena (Julieta Vallina) y el médico Astrov (Claudio Quinteros) pone a ambos en la encrucijada de una decisión que tensa los hilos trágicos de la obra. En ese marco, Marta Lubos (María) y Silvina Sabater (Teleguín) se destacan en el desarollo de sus personajes. A ellas se suma el gran desempeño de Osmar Núñez, en el temporal de un Vania desfondado por frustraciones y letanías.
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